jueves, 31 de diciembre de 2015

MODELO VIVO







Una mujer posa desnuda, quieta e imperfecta mientras ojos ajenos la invaden, se detienen en las sombras que su cuerpo crucifica a contraluz.
La música me desaprovecha porque no me cuenta nada, ritmos constantes y ruidos que se vuelven la voz que empieza a retumbar en mi pecho. Poco a poco todos se pierden en papeles, en la representación de la realidad, en la mentira de las percepciones, dibujan apresurados, aferrados al recreo de la estructura donde no hay lugar para el occiso.
No miro, no escucho, no habló, solo escribo, lo que mis manoseados sentidos me dejan captar.
El olor a marihuana me da ganas de llorar, me muerde el pecho masticando un cacho de nostalgia, me lleva sin consentimiento a los años de bicicleta, plazas, sahumerios y libros, a los veinte años cuando solía salvar al mundo en mis discursos y la inconciencia me dejaba ser idealista.
Estoy tan lejos de quien solía. Abrazo los recuerdos, a mis errores, a esas cosas que desearía que no hubieran pasado y al azar que me lleno los pechos de leche y la vida de una inocente carcajada.
Mientras tanto mientras tanto en las hojas descansa la mujer vestida de acuarelas, reinventada y virgen.

E.T

jueves, 10 de diciembre de 2015

Microrelato en el Roca


Irrumpen el vagón gritando un bolero del cual sólo saben el estribillo, desentona la ironía, cantando la infancia que no fue, sus voces niñas es lo único que les quedo como souvenir provisorio.
Acá estoy apretando una moneda con destino incierto, apretando dos pesos que no cambia nada, que seguramente aporta a la continuidad, pero me quema en las manos y se las doy y ellos me consuelan con un "que dios la bendiga" y yo puteo a ese Dios que se olvidó de los cantantes de las vías.



E.T

domingo, 21 de diciembre de 2014

Tic-Tac




Odiaba la navidad, y no porque me indignara la euforia consumista, o fuera atea, lo soy pero no era ese el motivo. Odiaba la navidad porque la mesa cada vez nos quedaba mas grande, cada vez poníamos menos platos y llorábamos más tiempo.
Debe haber alguna explicación, alguna respuesta o justificación para que el ser humano sea tan pelotudo y se quiebre en una determinada fecha y golpea la pared como si golpeara al destino, yo no la conozco pero debe haber.
Pero está navidad sume un plato, más chico y de plástico, capaz así empiezan las grandes mesas.


Eliana H Tortorella

martes, 18 de noviembre de 2014

La infumable

Por lo general cuando viajo me pongo los auriculares, creando una protección sonora contra boludos, tengo la mala costumbre de levantar temperatura e indignarme al pedo. Como cuando veo una publicidad anti-feminista donde la mujer se pone conchuda una vez al mes, o su mayor logro es sacar una mancha, cocinar pastas y que todos piensen que es casera. Me prende fuego.  
Pero soy medio masoquista, y cada tanto guardo el mp3 y me pongo a escuchar forradas tale como “Que lindas que estas” como si ser linda fuera un gran merito “te quedaron divina las tetas, parecen naturales” ¿ah? “Lo conseguí con descuento, a ocho mil mangos, re barato ¡está 10.000!” Guarda ese celular en el roca, pe-lo-tu-do “¿leíste a fulanito? (dos caritas de somos muy intelectuales)” Lo superficial no discrimina, y de repente ya no quiero escuchar, pero a veces se leen cosas peores que las que se escuchan; me empache de intelectuales cool, de autofotos innecesarias, de tira mierdas por facebook, de vende humo en la vida, de los que te quieren mucho con palabras lindas pero en los actos, bien gracias, de los ciegos, dominados y dominantes. En fin no quiero a nadie, ni a mí, soy muy hincha pelotas y encima enana, capaz que si hago yoga y como un poco de comida casera, gano un par de años de vida y me vuelvo más copada.  


Eliana Tortorella

lunes, 3 de noviembre de 2014

En la punta de la lengua

Nació de un repollo, eso me decía, todo en ella era original, no había heredado nada de nadie, no se parecía a nadie, no era de nadie, a veces se sentía nadie.
Solo tenía un nombre que alguien había elegido para ella, y al decir verdad era un nombre encantador, como si la persona que lo eligió la hubiera soñado, imaginado y presentido que iba a tener ojos color Canela.
Era tan dulce, que no fue difícil enamorarme, pero tendría que haber previsto que un ser con alas, vuela y si ese ser no tiene pasado, desaparece.
Pero uno a veces vive más de lo que imagina, lo suficiente como para reconocer unos ojos color Canela en una prostituta bajo la lluvia. Me dijo que estaba viejo, pero que los años habían sido más bondadosos conmigo, era mentira, claro. Me hubiera encantado decirle que era una vieja hermosa y que la extrañe, pero no me anime, otra vez no me anime.


Eliana Tortorella

viernes, 1 de noviembre de 2013

Carmela





Todo paso tan rápido que no me diste tiempo a preguntar que día era. Si hubiera sabido que ese día te iba a conocer; me hubiera peinado, puesto una bombacha más digna y abotonado mis miedos. Pero no, te presentaste sin aviso y por adelantado, antes de verte por primera vez el corazón me latía tan fuerte que la garganta estaba a punto de infartarse y no por nervios, estaba perdiendo una profunda cantidad de sangre y si era necesario perder la vida para que nacieras, la hubiera entregado mansa y sin dudarlo, porque mirarte tan chiquita y tan mía me hizo estallar en llanto, no recuerdo haber llorado tanto y sin pudor, no conocía un sentimiento tan puro, tan grande e infinito, todo aquello se resumía en vos.
Cuando por fin te pude acariciar lo hice suavemente, mientras suspiraba mi existencia, bese tus parpados hinchado, recorrí cada milímetro de tus dedos, me busque en tus rasgos y encontré a tu papá y me atravesó el amor, porque sos eso la comunión de un gran amor, y serás mi motivo lo que me reste de.
Hoy tengo el corazón blando, la mente fatigada de intrigas, las manos felizmente ocupadas. Hoy mi cama se va a dormir impar de tanta dicha.

Mamá

sábado, 17 de agosto de 2013

Mirando el reloj





El tiempo no me asienta, no responde al contrario segundo a segundo, cana tras cana me arrolla de interrogaciones, mis miedos se reformulan pero no se van, maduro y pierdo, me encuentro y vuelvo a cambiar, como si toda mi efímera existencia fuera un ciclo activo que solo se va a detener con mi muerte.
Después de muerta, ya no quedará conciencia, ni fantasmas, ni cielo, ni reencuentros, solo quedará el recuerdo en alguien, una foto que perderá sentido en alguna generación y quien sabe capaz que un texto firmado que solo evoque mi nombre y jamás mi rostro.
Ya pocas cosas me preocupan, porque poco a poco son menos las cosas que valoro, mientras mas me enfoco en el grano de arena que transcenderá la vida, solo un gesto en toda una vida bastaría para que el mundo fuera la playa donde los pasajeros podamos caminar descalzos. 


Eliana .H. Tortorella