domingo, 4 de marzo de 2018

Otra vez me contó la misma historia, que podría contar mejor yo, con los años olvidó detalles que me encantan como el tano que era un artista punga, ladrones de antes con códigos, así le gusta describir a los personajes de su infancia como héroes de un conventillo que lo vio crecer en necesidades, con atorrantes porteños que forjaron su personalidad.
Ya hace años cuenta las mismas historias y vuelve a ser el galán de la siete novias, el hijo rebelde que se resistía a vivir en Barrio Norte, el hincha que no dormía mirando el cielo y rogando que no llueva, que dejo a mi mamá en pleno trabajo de parto para ir a la cancha, vuelve y cada vez más seguido, a veces tengo miedo que un día no quiera volver y se quede allá con los que solo recuerda él.
Pero su nieta lo trae al presente cada vez que le dice abuelito, y me cuenta recuerdos cercanos y le gusta sentirse abuelo, sana su grandes pérdidas, y se reconcilia con el presente.
¿Te conté alguna vez? No pá.

E.T

viernes, 2 de febrero de 2018

Me voy de dedos

No sé porqué escribo, como si fuera una jodida adicción o una pasión media extraña que no me reclama me deja ir porque sabe que voy a volver a escribir, a nadie ni a nada, a escribir sin intención pero con necesidad de encontrar claridad en el devenir de mis palabras, que buscan ser escritas más que leídas.
No sé porque carajo me gusta tanto escribir, siento que salgo a caminar en pelotas sin importarme un carajo quien me lea o mire mi culo, salgo. Cuando me leo siempre estoy a punto de vestirme o editarme y cada tanto eliminarme.
Lo que amo de escribir es la libertad, amo ser libre caer en una hoja llena de palabras, sentimientos que no buscan conmover.
El amor y la libertad son dos cosas que supe conseguir y no me costo, a veces no todo tiene que costar.
Tengo un amor que me dio una hija que es nuestro gran amor, y en ellos vivo en estado de amor y libertad.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Trapos sucios

Flotan trapos el 31 a la noche, trapos que no saben de una familia que los lave, los planche y los guarde en un hogar. Ellos flotan sucios en las noches y la noche es cruel para la infancia, lastima a esos trapos que se rompen y cada vez se vuelve más pesados, hasta caer, mientras el humo del paco los reflota sin rumbo ya casi muertos, reflota la irá, el resentimiento, la pena de un pibe que se quedó sin ser.
Se acaba, cae y ahí está recibiendo una moneda y un saludo de feliz año. El pibe se ríe, lo acariciaron.

Eliana Tortorella

lunes, 6 de noviembre de 2017

Mambos de Freud

Hablo, me escucho y me asusto, aprendo y retomo la última palabra y la reformó y me encuentro una y otra vez, siempre un poco más vieja, el tiempo juguetea con mis marcas de expresión que ya quieren ser arrugas.
Y entre tantas charlas psiconalizando mis malos hábitos apareció una frase que me apropie "yo no tengo nada que ver con mi historia" aunque inmediatamente la resignifique "yo no tengo nada que ver con toda la historia que me hizo llorar".
Y así un poco más liviana dejo ir algo más. Capaz el tiempo me de tiempo a envejecer como una pluma. 

E.T

sábado, 21 de octubre de 2017

Santiago

Me duele, de una forma profunda tu muerte, porque no es solo tuya es de todos, porque tú vida fue generosa y noble, te pusiste del lado de los olvidados, de los que siguen gritando desde antes que la Argentina fuera Argentina. Porque éste país está manchado de sangre. Se leen y escuchan brutalidades, culpalos, son culpables por dejarse manipular, de estigmatizar al pobre, de sentirse más, de creer que tienen la verdad, de no entender que por respeto a la historia no pueden dejar pasar una muerte del estado. Todas las muertes duelen, pero la tuya nos dice que acá los ricos mandan intelectual y económicamente. Tu muerte podría haber sido la mía porque comparto tu misma humanidad, y me cuesta hablarte en pasado, porque de tanto ver esos ojos verdes parece que te conociera. Cómo me duele que no les duela tu muerte. Justicia.

domingo, 30 de julio de 2017

Beto

Plantamos cuatro árboles. Plantamos árboles que verán morir varias generaciones, como los gritos y risas que brotan de la casa.
En el último árbol mi papá dejo caer las cenizas de mi abuelo, en el árbol que resistió al otoño, así era él peleador, bueno y mentiroso. Siempre cargaba con una sonrisa llena de encanto, que levantaba sus grandes pómulos colorados en su piel manchada. Esa sonrisa le pesaba pero nunca dejaba de sonreír, a veces lo veía caminar triste con la mirada perdida, recordando anda saber qué pasado, con verdes ojos húmedos.
Tomábamos maté o maté cocido, acompañados de unos panes cortados en pedazos desiguales y rebanadas grotescas de manteca. Comíamos, nos reiamos, nos queríamos tanto.
Él me dió amor, ese amor que solo puede dar un abuelo, profundo, que hace que después de veinte años de haberle dado el último beso vuelva a llorar, porque lo extraño y quien no extrañaría ver esa sonrisa que mostraba una boca llena de dientes postizos, llena de historias, llenas de mentiras, llena de palabras sin decir, esa sonrisa que él me regalaba cuando todo estaba mal, extraño tanto esa sonrisa que en primavera dará sombra.

 E.T

miércoles, 24 de mayo de 2017

Feriado

Me gusta escribir acá, en un papel de mentira, sin lectores, me gusta escribir a escondidas, escribír lo que se me venga en gana, no respetar la gramática y hacerme la dramática, rimar y que suene mal, no ser ni poesía, ni prosa, me gusta que el texto me pida un punto y simplemente, no dárselo, que el gerundio moleste y así y todo no lo saque, me gusta escribir porque me siento desnuda, en una comodidad que incómoda a los otros, porque no están acostumbrados a ver culos sin retoques, ni pensamientos que no estén escritos en 140 caracteres. La repetición abruma, como si una palabra que se repite fuera más molesto que esas acciones que no se pueden dejar de repetir, haciendo arder narices, haciendo lo que hay que hacer mientras el pecho duele, como si dentro al verdadero ser le molestara ser simplemente lo que tiene que ser y así recibir felicitaciones de algún infeliz que no sabe qué hacer con esa vida que le pesa.
Acá escondida en la inmensidad escribo, libre sin que me corrijan.

E.T