viernes, 29 de diciembre de 2017

Trapos sucios

Flotan trapos el 31 a la noche, trapos que no saben de una familia que los lave, los planche y los guarde en un hogar. Ellos flotan sucios en las noches y la noche es cruel para la infancia, lastima a esos trapos que se rompen y cada vez se vuelve más pesados, hasta caer, mientras el humo del paco los reflota sin rumbo ya casi muertos, reflota la irá, el resentimiento, la pena de un pibe que se quedó sin ser.
Se acaba, cae y ahí está recibiendo una moneda y un saludo de feliz año. El pibe se ríe, lo acariciaron.

Eliana Tortorella

lunes, 6 de noviembre de 2017

Mambos de Freud

Hablo, me escucho y me asusto, aprendo y retomo la última palabra y la reformó y me encuentro una y otra vez, siempre un poco más vieja, el tiempo juguetea con mis marcas de expresión que ya quieren ser arrugas.
Y entre tantas charlas psiconalizando mis malos hábitos apareció una frase que me apropie "yo no tengo nada que ver con mi historia" aunque inmediatamente la resignifique "yo no tengo nada que ver con toda la historia que me hizo llorar".
Y así un poco más liviana dejo ir algo más. Capaz el tiempo me de tiempo a envejecer como una pluma. 

E.T

sábado, 21 de octubre de 2017

Santiago

Me duele, de una forma profunda tu muerte, porque no es solo tuya es de todos, porque tú vida fue generosa y noble, te pusiste del lado de los olvidados, de los que siguen gritando desde antes que la Argentina fuera Argentina. Porque éste país está manchado de sangre. Se leen y escuchan brutalidades, culpalos, son culpables por dejarse manipular, de estigmatizar al pobre, de sentirse más, de creer que tienen la verdad, de no entender que por respeto a la historia no pueden dejar pasar una muerte del estado. Todas las muertes duelen, pero la tuya nos dice que acá los ricos mandan intelectual y económicamente. Tu muerte podría haber sido la mía porque comparto tu misma humanidad, y me cuesta hablarte en pasado, porque de tanto ver esos ojos verdes parece que te conociera. Cómo me duele que no les duela tu muerte. Justicia.

domingo, 30 de julio de 2017

Beto

Plantamos cuatro árboles. Plantamos árboles que verán morir varias generaciones, como los gritos y risas que brotan de la casa.
En el último árbol mi papá dejo caer las cenizas de mi abuelo, en el árbol que resistió al otoño, así era él peleador, bueno y mentiroso. Siempre cargaba con una sonrisa llena de encanto, que levantaba sus grandes pómulos colorados en su piel manchada. Esa sonrisa le pesaba pero nunca dejaba de sonreír, a veces lo veía caminar triste con la mirada perdida, recordando anda saber qué pasado, con verdes ojos húmedos.
Tomábamos maté o maté cocido, acompañados de unos panes cortados en pedazos desiguales y rebanadas grotescas de manteca. Comíamos, nos reiamos, nos queríamos tanto.
Él me dió amor, ese amor que solo puede dar un abuelo, profundo, que hace que después de veinte años de haberle dado el último beso vuelva a llorar, porque lo extraño y quien no extrañaría ver esa sonrisa que mostraba una boca llena de dientes postizos, llena de historias, llenas de mentiras, llena de palabras sin decir, esa sonrisa que él me regalaba cuando todo estaba mal, extraño tanto esa sonrisa que en primavera dará sombra.

 E.T

miércoles, 24 de mayo de 2017

Feriado

Me gusta escribir acá, en un papel de mentira, sin lectores, me gusta escribir a escondidas, escribír lo que se me venga en gana, no respetar la gramática y hacerme la dramática, rimar y que suene mal, no ser ni poesía, ni prosa, me gusta que el texto me pida un punto y simplemente, no dárselo, que el gerundio moleste y así y todo no lo saque, me gusta escribir porque me siento desnuda, en una comodidad que incómoda a los otros, porque no están acostumbrados a ver culos sin retoques, ni pensamientos que no estén escritos en 140 caracteres. La repetición abruma, como si una palabra que se repite fuera más molesto que esas acciones que no se pueden dejar de repetir, haciendo arder narices, haciendo lo que hay que hacer mientras el pecho duele, como si dentro al verdadero ser le molestara ser simplemente lo que tiene que ser y así recibir felicitaciones de algún infeliz que no sabe qué hacer con esa vida que le pesa.
Acá escondida en la inmensidad escribo, libre sin que me corrijan.

E.T

lunes, 2 de enero de 2017

Momentos



Quise dejar de escribir, me juré no volver hacerlo. Es malo escribir, hace mal.
Cuando escribís tenes que publicar, cuando escribís tenes que exponerte de tantas formas como la difusión lo requiera.  Unirte al vacío de las nefastas redes sociales, que solo venden humo y masturban egos que no saben vivir para adentro. Cuando escribís tenes que hacer cosas de escritores y a mí me hace mal, porque no soy escritora, simplemente me gusta escribir, escribo sin pretender que me lean, escribo sin la intención de salvar en mundo en palabras altruistas, porque bien sé que solo las acciones escriben cambios, las palabras solo engrandecen egos de pitos chicos y conchas frígidas.
Pero resulta que no puedo dejar de escribir, porque cuando escribo me pierdo en las ideas y en mis intenciones, nunca sé en qué voy a terminar y soy libre en las palabras, en las relación caótica de sus significados, soy libre porque no pretendo aceptación, solo hacer lo que amo, escribir.

                                                                                            E.T

martes, 29 de marzo de 2016

Otoño sin bufanda



Un trauma que reprimí con tanta eficiencia que  borre casi por completo, me guarde algún recuerdo solo para no olvidar torturarme, la consecuencia miedos, propios, ajenos e inventados, los juntaba como quien junta hojas en otoño, con la inconciencia propia de una nena que puede quedar tapada entre hojas secas y no ver que pronto llegará la primavera.
Ese sentimiento que poco tenía que ver conmigo  se supo virilizar en todas las decisiones de mi vida, generando miedos de todo tipo que se volvió un miedo Frankenstein que supo recolectar a todos mis muertos,  tan agresivo que un día me quiso matar. Entonces decidí escapar de mí, dejar de ser yo y cambiar mi nombre, abandonar mis amores, quemar mis libros y esconderme en otra persona. En la que apenas podía entrar, era muy incómoda, demasiado chica, pero era un lugar seguro ahí no me iba a encontrar. No me iba a matar. Pero resulta hay sentimientos que uno no puede abandonar, ni escapar, son tan brillantes, hacen ruido y estallan como bombas de identidad, que gritan para que escuche. No tienen miedo, y es un problema eso, porque  empiezo a crecer y me empiezo ahogar en mi escondite. No puedo respirar. No hay lugar.  No entro. Puedo morir ahogada. Abro apenas la puerta para tomar aire, pero recuerdo que del otro lado está todo aquello que me puede matar, pero sí de todos modos voy a morir sería una pena que muera siendo otra persona.   

E.T